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sábado, 7 de septiembre de 2013

Retazos desde el otro lado

El foso, Día 97

Las llagas generadas por el rose entre sus muñecas y los grilletes ya habían sanado hace tiempo pero la piel que había recubierto las heridas poseía un tinte diferente, blanco como hueso. Era un hecho que su cuerpo se adaptaba y cambiaba, esa terrible mazmorra lo marcaba una y otra vez quitando lo que no era útil y rellenando ese espacio con su sello aunque el verdadero miedo era “¿Hasta donde llegaría a cambiar?”, ¿Cuanto del viejo Thomas, noble señor, quedaba dentro de él y cual seria el objetivo de escapar de ese calvario si el núcleo de su ser se vería alterado para siempre? ¿Acaso su familia lo reconocería, sus amigos, su esposa?. Thomas era el nombre que su madre eligió para él, el nombre que ostentó en su pasado pero no el que correspondía a su presente, a ese presente lleno de miseria y soledad.

Sus pensamientos comenzaron a cesar con el paso lento de las horas, instintivamente había aprendido a sepultarlos de manera rápida en lo mas profundo de su mente; ya no dedicaba sus energías a esos rostros del pasado sino a ese monstruo, cruel y despiadado,  de helada piel y de desconocida guarida al que llamaban Frulghod, la prisión olvidada.

Para él esta era una batalla de resistencia, un combate diario en el cual mantenía su temple y entrenaba su cuerpo bajo el frió y continuo abrazo de las cadenas. Sus sentidos habían dado un paso mas allá, a veces durante las noches el prisionero se mantenía con los ojos cerrados y los oídos centrando su atención en el débil exterior ignorando el ruido de rocas y el colapso, continúo pero seguro, del lugar. Esas noches de meditación le habían presentado, en forma de débiles susurros, un arrollo lejano. Seguramente de allí venia el agua que probaba, a veces… Otras noches, mantenía los ojos abiertos adaptándolos a la penumbra lo máximo posible, intentando distinguir diferentes sombras y darles una forma, estimar su origen, un peso y una textura. Los días mas tormentosos aprovechaba el ruido para ocultar los sonidos de sus ejercicios, agarrado de sus cadenas realizaba flexiones hasta que sus manos se llenaran de cayos y sus dedos no aguantaran más. Día, tras día, tras día repetía esta rutina esperando por la oportunidad perfecta… hasta que finalmente llegó.

Una de las tantas noches logro engañar a uno de los guardias y ocultar una cuchara de madera con la cual le habían brindado esa sopa fría y amarga recurrente en su dieta. Con larga paciencia comenzó a darle forma entre la humedad y los bordes de las rocas de la prisión, para obtener un arma punzante capaz de soportar unos pocos golpes antes de quebrarse. Eso junto con el brazo secretamente libre de grilletes era su plan de escape, solo necesitaba esperar a que alguien se adentre nuevamente en su celda lo suficientemente cerca como para poder tomarlo sobre el cuello, tomar sus llaves e iniciar su huida. Funcionaria sin duda, al menos en su mente lo hacia…

Una fría madrugada de invierno Thomas engañaba al sueño utilizando las rocas desprendidas de su celda para arrojarlas por una de las grietas de la pared y estimar su llegada al suelo. Por el ruido de la caída estaba demasiado lejos, pero eso no era lo importante sino que comenzó a notar una creciente respiración, agitada y desordenada, ascendiendo a través las escaleras. Para su sorpresa la figura que entro a su sala no era un guardia sino un hombre de aspecto extraño, cabellos escasos y rostro regordete; sus ropas indicaban que era un forastero mientras su mirada cambiante daba indicios que era un intruso en ese lugar. Sin mediar palabra alguna arrojo un sobre de papel a los pies de Thomas y escapó por donde había venido.
Nervioso acerca del contenido, el papel tembló de las manos del prisionero antes que posara sus ojos sobre él. La idea que aun quedaba alguien en el mundo que lo recordara comenzaba a tomar forma. Sin mas preámbulo, retiro la carta del sobre y prosiguió a leerla.

“¿Que estarías dispuesto a hacer por obtener la libertad? ¿Por besar nuevamente los labios de tu amada? ¿Por tomar venganza contra la persona que te arrebato el lugar que ganaste por derecho?
Yo puedo brindarte todo eso y más, pero el precio no será otro que subordinar tus valores, tu honor y tu vida a mí. Tu serás mi brazo, mi espada y mi ejecutor; te enviare a luchar contra dioses y demonios por igual y siempre deberás volver victorioso, empapado con la sangre de tus enemigos. Tu alma, tu vida, tu sangre y tu carne seguirán mis órdenes hasta que finalmente emitas tu último aliento.
¿Te volverías mi esclavo para obtener la libertad? ¿Seguirías el más amargo de los caminos a cambio del dulce sabor de la felicidad perdida?
Ye te he dado dos pruebas sobre la firmeza de mi resolución, tu brazo y tu pierna libre lo avalan; ahora es el momento que emitas tu decisión. Si estas de acuerdo con mis términos, la próxima luna llena entrégale el prendedor que encontraste al sujeto que aparezca en tu celda; sino sigue padeciendo en la ignorancia total y absoluta”

Reinó el silencio por varios minutos hasta que el joven estalló en carcajadas


-“¡Pobre el que se cruce con este demonio lleno de venganza, ya que quien me encuentre será victima de una rabia inimaginable, una sed mas allá de ser saciada. ¡Claro que acepto, la próxima luna seré libre!”

domingo, 16 de diciembre de 2012

Retazos desde el otro lado

El foso, Día 54

Un aroma dulce y embriagante comenzó a alejar del mundo de los sueño al pobre noble devenido en nadie. Este, medio despierto, se encontró automáticamente bebiendo de un vaso sin darse cuenta, ese liquido no solo calmaba su sed sino le brindaba un placer completamente negado hacia largo tiempo. Sin duda era vino la sustancia que se deslizaba por sus labios, brindándole calor a su cuerpo y energía a su espíritu. Cuando el líquido ceso de fluir, Thomas finalmente abrió los ojos encontrando frente a él a un rollizo caballero de ropas tan exóticas como coloridas, dueño de un gentil rostro. Este le brindo un sincero saludo y comenzó a alejarse rápidamente. El pobre Thomas se sentía sumido como en una ilusión, parcialmente adormecido y sorprendido por lo etéreo e irreal de la escena; tanto que le costaba reaccionar, generar palabra alguna, escapar de ese estupor. A fuerza de voluntad logro formar un “¡Alto!” antes que el ser desapareciera del lugar pero no fue suficiente para detenerlo ni para mantenerlo en la realidad.
Sobre la tarde nuevamente la realidad lo atrapó con el cantar de una pequeña ave sobre uno de los muros, esta picaba las paredes desde el exterior generando un ritmo que se mezclaba con su tonada de manera casi musical. El joven lockward desperezó su cuerpo encontrando, para su sorpresa, que ahora no solo tenía su pierna liberada sino también uno de sus brazos, atónito lo movió de un lado a otro sintiendo la libertad sobre él; si esto siguiera así era cuestión de tiempo para que ese extraño sujeto lo libere por completo, solo cuestión de paciencia pero ¿Seria él un aliado en verdad? Al parecer solo el tiempo respondería esa pregunta.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Retazos desde el otro lado


El foso, Día 25

Para el pobre Thomas no podía haber dolor mas grande que el de poseer una mente libre atrapada en un cuerpo cautivo; él, quien había sido arrastrado a la fuerza de su pasado como jefe de la familia Lockward, había aceptado finalmente su papel de prisionero y con ello varias cosas comenzaron a cambiar. No solo sentía el cambio en su cuerpo, el cual comenzaba a prescindir de los banquetes del ayer para adaptarse a las escasas condiciones alimenticias actuales, sino también en su mente y sus sentidos. La vista y el oído se habían vuelto mucho más agudos en poco tiempo, semanas a la sombra lograron que pudiera distinguir claramente diferentes tonos de sombras así como los eternos momentos de soledad ayudaron a poder distinguir sonidos hasta los mas leves sonidos y estimar casi con exactitud de donde provenía cada uno. Claramente esta adaptación era completamente negativa, ya que podrían servir en caso de encontrar la salida de ese maldito lugar, pero mientras tanto no podía más que seguir atento y expectante.

Hacia una semana que llovía en el exterior, en ese mundo tan alejado y tan cerca que siempre, que de alguna manera siempre encontraba la forma de recordarle que estaba allí. La humedad del aire ayudó a curar su piel herida y seca, al tiempo que las goteras de su celda compensaban, por momentos, la falta de bebida; más allá de eso, aquellos días fueron una bendición para el prisionero ya que por alguna razón, bajo el ruido de la tormenta y la lluvia, Thomas podía conciliar el sueño. En ese estado no encontraba sombras ni miedos sino solo el más puro de los descansos, fue allí que ante tal miseria, debilidad y abandono comenzó a construirse a si mismo, a sentirse más fuerte. Su voluntad se forjaba cada día, su delgado cuerpo comenzaba recuperar algo de vigor y energía al tiempo que su astucia crecía junto con uno de sus sentidos.

Como era de esperar la época de tormentas finalizó dando la bienvenida a varios días soleados tan despejados que traían consigo suficiente luz como para compartirla con Frulghod, la prisión olvidada por la humanidad. Este nueva etapa inicio con un curioso descubrimiento que altero la monótona vida del recluso, gracias la nueva claridad comenzó a distinguir algo sobre una de las paredes; pese a que en un principio le quito importancia confundiéndolo por simples rajaduras entre los ladrillos un segundo vistazo le trajo por seguro que se encontraba ante un mensaje grabado en el muro por alguna persona, seguramente quien anteriormente ocupo la celda. Estirando su cuerpo hasta más no poder y luego de varios intentos comenzó a interpretar las palabras, al parecer el mensaje predicaba “Un suspiro puede contener infinidad de momentos”. Esa extraña frase que lo dejó pensando el resto del día y la había robado varias horas de sueño, sin duda era verdad su contenido pero ¿Existía la posibilidad que significara algo mas?

Aquella madrugada el joven Thomas se vio interrumpido de su sueño por un sonido tintineante proveniente de las escaleras. Al cabo de unos momentos, ingreso a la habitación uno de los guardias; ese que a cambio silencio para reencontrar algo de sueño le traía algo de comer y beber. Al ingresar al lugar se detuvo un momento, y al notar que el recluso se encontraba despierto se disculpo entre murmullos hasta dar con su alejado  rincón, no pasó mucho tiempo hasta que la brisa de la noche les devolviera el sueño a ambos. El amanecer había llegado una vez mas y como era habitual trajo consigo el despertar. Thomas había tardado en abrir los ojos, para entonces el guardia se había puesto de pie sacudiendo de sus ropas el polvo del piso.

-“¿Puedes creerlo? Este polvo se agarra con tal fuerza que no se quita fácilmente. Mi esposa se queja cada vez que le llevo la ropa del trabajo, dice que tiene que dejarla toda una tarde en el río para que se despegue el polvillo.”-

El prisionero se mantuvo en silencio, no había mucho que decir ni agregar. Pero su había algo que merecía su atención clavando su mirada sobre la ropa del hombre, ese polvillo se encontraba en toda su celda y habitación, y seguramente en toda la prisión. ¿Entonces como era posible de que el hombre se quejara solo cuando dormía en el piso de allí, si había llegado hasta allí bastante pulcro? A esa pregunta se le sumaba el hecho de que en todo este tiempo nunca llegó a escuchar voz alguna proveniente de los pisos superiores. Teniendo en cuenta esto, Thomas realizo una extraña jugada que le brindo algo de información adicional sobre el lugar respondiéndole:

-“Sin embargo no hay mucho trabajo aquí arriba al parecer…”- le comentó al guardia restándole importancia

-“¿Y eso a que viene?”- Preguntó intrigado

-“No tienes que subir a menudo aquí, sin contar que nunca escuche nadie subir las escaleras al piso superior a este. Podría apostarte mi próxima cena a que no solo no hay prisioneros en los pisos siguientes sino que sino que debo ser el único en este condenado lugar”-

Ambas miradas se cruzaron, casi sacándose chispas luchando para no ceder ante el otro. No duró mucho hasta que el soldado comenzó a reír y respondió

- “Amigo, temo decirte que has perdido tu comida del día. En lo primero tenias razón pero tú confianza te traicionó, aunque has fallado por poco. Y yo que te pensaba traer algo de cordero y vino, tu te lo pierdes.”- Y se alejo esbozando una sonrisa burlona.

Thomas estaba aun mas intrigado, con un poco de sutileza había conseguido valiosa información sobre el lugar aunque se preguntaba que más había por saber de allí. Tenia una extraña sensación de que no importaba cuantos años pasar allí, detrás de esos derruidos pisos y paredes siempre encontraría algo por descubrir.

martes, 17 de julio de 2012

Retazos desde el otro lado

El foso, Día 7

Se había cumplido una semana desde que el mundo y todo su contenido habían sido arrebatados súbitamente de Thomas y lo habían arrojado a una celda para padecer ,ignorante de su destino y sus pecados, el peor de los tormentos: ser olvidado

El paso de los días castigaba constantemente al pobre noble con nuevas torturas, en esos momento no solo comenzaba a sentir la presión del tiempo, la rutina y el desamparo, sino que también luchaba contra la soledad y la incertidumbre que, en conjunto, comenzaban a derrumbar poco a poco los pilares de cordura que aun se sostenían en pie dentro de su mente. Hacia poco su cabeza comenzó a jugarle extrañas jugarretas, a menudo mientras saciaba su hambre con esas sopas horribles podía jurar que sentía el respirar lento y profundo del viejo Jack detrás suyo, como siempre fue, asistiéndolo, esperando para rellenar su copa con mas vino o para levantar la mesa; pero entre todas las ilusiones la mas cruel sucedía por las noches antes de dormir, cuando el sueño comenzaba a tomarlo en brazos para alejarlo de la cruel realidad podía jurar que sentía los suaves labios de su amada, Eva, despidiéndolo para siempre, como si ella prefiriera que ,ante tanto sufrimiento, seria mejor para su amado pasar todo la eternidad en ese lugar onírico que mezclaba el pasado y fantasías, donde podía sentir una completa seguridad. Pero nada era seguro y llegado el momento hasta los sueños comenzaban a traicionarlo cambiando a veces su contenido, del dulce pasado por el presente, cruel, frió y cercano.

El estado físico y mental de Thomas era deplorable, no solo su mente se encontraba algo deteriorada sino que la piel comenzaba a pegarse sobre sus huesos y podía sentir las costillas marcándose sobre su torso; con el fin de mantenerse ocupado había comenzado a aceptar poco a poco su papel de prisionero incursionando en las tareas típicas de un reo: marcar en la pared los días transcurridos, ocasionalmente conversaba consigo mismo en voz alta para no perder la cordura o intentaba atraer algún pequeño roedor con los restos de pan que le sobraban. Pero lo que mas padecía era la aislamiento, muy pocas veces se acercaba que algún carcelero para traerle comida o bebida y nunca intercambiaban palabra alguna con él; todos eran hoscos y brutos por naturaleza, pero sumado a ello había algo extraño, talvez parte de sus ordenes eran no entablar contacto alguno con ese recluso en particular. Esa era una idea que daba vueltas sobre la cabeza de Thomas y no estaba dispuesto a olvidarla, así que esa misma madrugada aprovechando la visita del guardia que solía dormir siestas en la habitación cerca de su celda, y siendo de esperar su despertar cerca de la mañana, el prisionero lo aguardo despierto para indagar al carcelero.


-          Me he cansado de negarlo, gritar, desesperar y renegar. Pero eventualmente lo acepté, soy un prisionero y al parecer mi destino se encuentra atado a este lugar; ahora te pregunto buen hombre, ¿que puedo hacer yo para lograr que mi estadía en este lugar sea menos horrible?” mencionó de manera casual, sin quitarle los ojos al guardia

-           “Lo siento, pero hay ordenes precisas. No puedo hacer nada más por ti que alcanzarte algo de alimento; ni siquiera se me permite oficialmente permanecer dentro de esta celda”


-     “No estoy pidiendo nada en particular. ¿Sabes?, mis amigos y familiares seguramente estén buscándome en estos momentos y seguramente tarde o temprano momento den conmigo. Una carta con mi ubicación seria muy bien recompensada por mi familia.” Otra vez clavo la mirada en su interlocutor, pero nuevamente no sintió nada. Había algo que lo mantenía firme su convicción y podría asegurar que no era una buena paga ni una ciega lealtad sino algo mas frió y cruel.

-    “Jejeje entiendo a donde quieres llegar, pero te estas equivocando. Este lugar no es una cárcel común, muchacho. No por nada se la conoce como el foso de las almas, apuesto que en tu vida has escuchado el nombre Frulghod y no es por que no hayas vivido lo suficiente, podría apostarte que recorrerás todas las tabernas del reino y no habrá una sola alma que podrá decirte a que le corresponde ese nombre o su ubicación.”

Thomas se tomo unos segundos para pensar, necesitaba ordenar esas palabras junto con todo lo que había vivido hasta el momento. Había una lógica, un orden y un patrón para todo eso, para su sorpresa le tomo menos de lo esperado acomodarlas las piezas del rompecabezas.

-    “No puedes hablar oficialmente conmigo, me encuentro en una prisión secreta y oculta encerrado bajo cargos que nunca cometí, mi familia nunca será informada de mi destino. Eso significa que… ¿soy un preso político?”

-    “Eres listo muchacho, talvez el uso de esa astucia sobre las personas    equivocadas fue la razón que te trajo aquí. Eventualmente lo descubrirás, te dejaré solo con tus pensamientos.” Dijo dejando así un largo silencio en la sala, mientras el guardia comenzó a tomar sus cosas e hizo ademán de retirarse Thomas sentía el fuerte peso de las palabra sobre su espalda. Decidido a averiguar algo más demoró la salida del carcelero una vez más.


-    “Alto, no te vayas. Respóndeme, ¿Qué queda de mi entonces?

-          “Resignarte y comportarte son tus únicas opciones, talvez así puedas pasar el resto de tus días viviendo aquí tranquilo. Con los años es posible que llegue un momento, cuando todo aquel que te conozca, te haya amado u odiado estén todos muerto, y recién ahí cuando sus descendientes no recuerden tu nombre y tu existencia no haya sido mas que una gota mas en el mar; talvez allí , si aun estas vivo, se te permita volver al mundo”

-          “Pareces sincero, si este presente es el que esta condenado a ser mi futuro me siento tentado a ignorarlo eligiendo así por mi propia voluntad la liberación a manos de la muerte, menos cruel y mas misericordiosa que este destino trazado por los hombre”

-     “Créeme que tu vida vale algo aun, sino seguramente ya estarías muerto” pero estas palabras llegaron muy lejanas, el prisionero aun no tenia las respuestas a todas sus preguntas y aun la incógnita sobre el prendedor encontrado en su celda y el dueño de él representaban la pieza faltante que talvez lo devolverían a la vida una vez mas.

jueves, 28 de junio de 2012

Retazos desde el otro lado

El foso, Día 2

Las siguientes horas pasaron velozmente para Thomas Lockward, padeciendo entre sueños y retazos de los eventos recientes, podría jurar que, entre sueño y despertar, sintió una sensación extraña y casi familiar, un toque calido y compasivo, casi humano; pero la realidad se encontraba fundida de manera completa con la fantasía difumando y mezclando cualquier otra sensación, llevándolo a sentirse ahogado entre recuerdos e imágenes que pujaban por salir todos juntos.
Su primer pensamiento fue reconocer que había logrado despertar, rápidamente intento calcular en que momento del día se encontraba pero fue en vano, la celda se encontraba tan aislada del exterior que le pareció artificialmente bañada en su propia noche; una pequeña brisa lo reencontró con su cuerpo, frió y húmedo, empapado por sudor y vomito, fue un gran alivio para él saber que aun sentía, que todavía podía sentir el dolor ya que eso significaba que aun conservaba la capacidad de sentir la dicha.

La oscuridad dentro de la celda era absoluta, tan densa, casi tangible volviendo sus ojos inútiles; en contraparte la mente de Thomas había recuperando esa agudeza mental que lo caracterizaba y ya se encontraba intentando dar luz sobre lo sucedido, tratando de unir los cabos sueltos de su historia.
Recordaba con claridad haber caminado por horas, una gran pelea, una mujer muerta y un filo atravesando el pecho de un hombre de honor. Pero no podía ser, él nunca seria capaz de eso, secuestro y asesinato, tenía que haber otra explicación; pese al esfuerzo no pudo arrancar más recuerdos de su cabeza.

Al poco tiempo su preocupación sobre el pasado comenzó a situarse más bien en el presente, su boca se sentía demasiado áspera y el hambre agitaba con fuerza sus entrañas; intentó moverse de esa incomoda posición en la cual había descansado todo el día pero algo extraño sucedió. Una de sus piernas parecía libre de atadura alguna, no tenía rastro de grillete sobre ella; talvez entre esos sueños arremolinado lo llevaron a agitarse y revolverse hasta el punto de haber arrancado una de las cadenas, pero eso era imposible ya que hubieran quedado rastros del grillete que aprisionaba el pie. Sin pensarlo dos veces intentó tirar demás cadenas que lo retenían pero nada sucedió.

Fue curioso, ante tanto forcejeo podría haber jurado que sintió un pequeño ruido, como si hubiera golpeado algo con las cadenas, no pudiendo fiarse de sus ojos entre intentó tantear a ciegas alrededor del piso hasta que llego a él una pequeña jarra metálica, ésta parecía contener un liquido frió y algo insípido. Toda una vida de platillos deliciosos y el modo de vivir de un noble no lo ayudaron identificar que esa bebida algo viscosa en sus manos era sopa de pescado, algo fría y grumosa. Luchó por unos momentos contra la dignidad que poseía pero la batalla fue realmente corta, antes de darse cuenta se encontraba bebiendo torpemente de la jarra hasta vaciarla, tragando rápidamente cual animal hambriento y desesperado; dejándole un gusto horrible en su boca pero almenos ahora el hambre había desaparecido, había llegado a engañarlo por momentos.

Varias horas pasaron en silencio y oscuridad, las sombras comenzaban a volverse menos densas o talvez sus ojos se acostumbraban a ellas, no sabría explicarlo pero con ello despertó en Thomas una ira profunda; como si odiara adaptarse a ese foso horrible ya que eso implicaría aceptar a un nuevo yo, Thomas, el prisionero. La necesidad de demostrarse a si mismo que aun era un hombre de honor era fuerte, pero la soledad y la desesperación la destruyo fácilmente siendo así que, mientras en un principio fantaseaba con que todo sea un error, un mal entendido que lo devuelva a su vida pasada, no paso mucho tiempo para que en verdad se conformase con que alguien lo tratara como persona, como un ser y no un alma olvidada en el lugar mas oscuro y perdido de la tierra. Fue en ese momento que temió la llamada de la demencia, una amenaza más real y peligrosa que el hambre y el sueño pero unos pasos y la puerta latosa abriéndose lo salvaron de si mismo, alguien había entrado a la recamara.

Un silbido comenzó a rebotar por sala mientras sentía esas llaves, las que seguro podrían otorgarle la libertad, rebotando en la cintura del recién presente. Éste, a oscuras, arrastro una silla sobre una esquina y se sentó pesadamente para pasar los siguientes minutos, que por cierto para Thomas parecieron una eternidad, en completo y absoluto silencio.

-          “Disculpa, podrías abrir un poco la puerta. Necesito un poco de luz”- pidió el prisionero al recién llegado

-          “Heyyy, escoria. ¿Que demonios haces aquí? Pensé que estas celdas se encontraban vacías, ¡estas rondas nocturnas están arruinando mi sueño! Maldición, encima no tengo otro lado para dormir”- respondió con una voz ronca y sincera

-          “Señor, le imploro que alumbre un poco la habitación. Necesito alejar las sombras de la demencia almenos por un rato, prometo mantenerme callado si es necesario y dejarlo dormir”- Para su sorpresa, el guardia abrió una ventana situada enfrente de la puerta que brindo algo de luz nocturna a las celdas, en se momento Thomas que una de sus piernas se encontraba libre así que no levantar sospechas acercó su pie libre al grillete donde se suponía de debía estar.

-          “Bien, ahora déjame dormir un rato. Juro que si haces el menor ruido me encargare de que… de… ¡maldición, solo mantente en silencio, ¿quieres?!

Cumpliendo su parte, lentamente el prisionero se acomodó contra la pared centrando su atención sobre guardia que intentaba dormir en un rincón alejado, allí donde las sombras no amenazaban su despertar. Un pequeño brillo nocturno acompañaba ahora la sala, llegaba desde la puerta en una de las esquinas hasta tocar levemente un pequeño fragmento de barba del soldado dormido, en la otra pared.
Era la primera vez que el joven noble podía ver el lugar que se encontraba con plena claridad, sin sombras, alcohol o sueño que nuble su visión. La sala era tan amplia como las habitaciones del castillo, se encontraba dividida en tres celdas, siendo él quien se ubicaba en la del medio mientras las demás se encontraban vacías; las superficie era lisa salvo en su celda donde las sombras escondían parte de la suelo irregular y rugoso Entre tanta inspección no pudo dejar de notar  un pequeño punto brilloso cerca suyo, parecía ser un objeto brilloso caído entre unas baldosas. Pero era imposible llegar a él sin despertar al guardia así que optó por calmar su curiosidad hasta que el guardia termine su sueño y se aleje de allí.




El tiempo pasó rápidamente trayendo consigo el amanecer y algo de hambre junto él, no solo eso sino que además hacia rato que a Thomas le urgía tomar algo para refrescar la rasposa garganta; para su sorpresa esas sensaciones poco placenteras no duraron mucho ya que con los primeros rayos del sol el carcelero despertó de su sueño y luego de desperezarse completamente tomó un jarro a un costado de la celda y se alejo de la sala solo para volver al poco tiempo con el jarro lleno de agua y una rodaja de pan. Este abrió la celda y le dio en mano al prisionero la comida y la bebida junto con las siguientes palabras.

-           “Mantente en silencio la siguiente ocasión y puede que te traiga además algo de vino”- y sin mas cerro la celda y tomo el yelmo del suelo retirándose para seguir con su trabajo.

 A los ojos de Thomas el soldado parecía una persona transparente y sincera, de esas con la que podría entablar amistad en otro momento y en otro lugar, lamentablemente este nunca sería ese lugar. Una vez solo, el joven se dispuso a comer con ganas; pese a eso fue precavido y guardo una rodaja para más tarde para cuando el hambre lo amenace nuevamente. Ya satisfecho dirigió su atención a ese descubrimiento, ese pequeño punto brilloso en el suelo que brillaba por momentos; con esfuerzo extendió su pierna libre para tratar de alcanzarlo. No fue fácil y le llevo gran parte de la mañana y el mediodía lograr el estiramiento para alcanzarla y la habilidad necesaria para tomarla con los dedos. Fue extraño, entre sus manos tenia un pequeño prendedor algo gastado color cobre, en el centro poseía una forma similar al de una moneda mientras que a los lados se encontraba adornado por dos pares de alas; al revisarlo por detrás se sorprendió al notar que no poseía aguja alguna. Thomas examino por largo tiempo su descubrimiento, no parecía sucio así que el prendedor debía haber llegado allí recientemente y podría asegurar que solo podía un carácter decorativo así que difícilmente un soldado llevaría algo así consigo. Fue allí cuando una pequeña idea se disparo en su mente, ¿y si el dueño del prendedor fue la persona que le libero la pierna de su atadura? Eso podría significar una sola cosa, no se encontraba completamente perdido en ese foso ¡Alguien lo reconoció e intentó liberarlo! Pero ¿Quien?

sábado, 9 de junio de 2012

Retazos desde el otro lado

El foso, Día 1

El paso del tiempo se puede medir no solo en días y semanas; sino también en momentos, en situaciones y eventos, tanto en risas como en llantos. Por ello es difícil de creer todo lo que puede llegar a pasar en solo una madrugada, desde la aparición de la última estrella del cielo hasta  la llegada de los primeros rayos del sol.
Muchos hombres reflexionaron sobre esto en el pasado, pero en este punto de la historia no era un filósofo ni un pensador quien intentaba dar orden al tiempo, sino un golpeado y confuso prisionero.
La mañana encontraba a un joven algo amnésico encadenado cual animal en una celda húmeda y olorosa donde, pese  al sueño en su mente y alcohol en su sangre,  trataba de darle algo de sentido sus difusos recuerdos; los cortes sobre su brazo y manos lo mantenían en la realidad mientras los vestigios de vino aun en su cuerpo lo arrastraban a la fantasía, a un mundo lejano e irreal donde todo parecía un sueño.
El muchacho observo ambas celdas contiguas pero se encontraban vacías, la iluminación era escasa y los grilletes lo suficientemente fuertes como para dificultarle una posición cómoda para distinguir algo mas que sombras; fue en ese momento cuando, acurrucado contra la pared el sueño comenzaba a resguardarlo del miedo y la incertidumbre, comenzó a escuchar unos pasos a lo lejos, al instante la puerta del recinto se abrió trayendo consigo al dueño de una voz extraña y rasposa.


-          “Despierta asesino. Aquí figura que Thomas Lockward era tu nombre, ¿no? Te has metido en un gran problema muchacho, en uno de esos problemas que seguramente termine por separar tu cabeza del pescuezo.”- Dijo el carcelero con tono burlón mientras jugaba con las llaves de un lado a otro. -“Mira que he visto estupidos, borrachos y brutos; pero nunca uno como tu, tratar de secuestrar a la hija de un noble…fue por el dinero ¿no? ¿deudas quizás?; no importa el motivo, ya que estas mas cerca de la otra vida que de esta, si entiendes a lo que me refiero.”

Estas palabras cayeron como un balde de agua sobre Thomas, permitiéndole recuperar parcialmente el sentido del tiempo y espacio.

-          “¿De que estas hablando? ¡Así es, ese es mi nombre y si no me sueltas inmediatamente va a ser tu cabeza la que ruede por el suelo! Juro por el rey que…”- pero las palabras no surtieron el efecto deseado perdiéndose entre las risas de carcelero. No obstante algo lograron ya que el hombre pareció interesarse en ese bandido ebrio y golpeado que le estaba respondiendo con algo de ímpetu, así que fue a buscar un banquito de un costado y tomó asiento frente a la celda para inspeccionar bien al delincuente.

-          “Mira, te ahorraré el discurso. Yo soy un simple hombre, un buen ciudadano y padre que hará todo para que su familia viva lo mejor posible. Tengo suerte que mi señor y patrono me mantenga y garantice mi trabajo; sabes, el solo tiene una regla: Nunca dudes de mis palabras. Si él me dijera que mañana el cielo caerá sobre nuestras cabezas aplastándonos cual insectos, yo comenzaría a cavar bien profundo, ¿entiendes?
Hoy cerca del amanecer unos caballeros llegaron a mi hogar, había trabajo que hacer así que me vestí rápidamente y salude a mi familia; aparentemente traían a rastras a un borracho que secuestró a la pobre hija de un noble y luego, cuando su padre recaudo el dinero para recuperar la vida de su amada niña, el bandido lo ataco dejándolo herido de muerte. Podría haber jurado que esperaba encontrarme con un estupido y vulgar malhechor, de esos que no tienen un gran futuro fuera de la ley. Pero pareciera que acá, el bandido destruido y perdido frente a mi, no es un simple plebeyo sino la mera sombra de alguien mas grande.”

-          “¿Donde estoy? ¡déjame salir! ¡Soy…!”- bramó con furia pero sus palabras fueron interrumpidas por un súbito vomito, su cuerpo intentaba recuperar el control expulsando una sustancia gris y densa.

-          “Cuidado, con calma, tranquilo. Maldición, odio cuando les pasa esto, las personas como vos arruinan mi almuerzo. ¿Sabes que haremos? Me retirare por el momento, comeré algo y luego volveré cuando te encuentres mejor. Por ahora trata de descansar y recuperar energías, por que sabes, las vas a necesitar.”- Y ya lejos de la celda con un estruendoso ruido metálico cerro la pesada puerta no sin antes gritar. –“Bienvenido a Frulghod, el foso de las almas”

jueves, 10 de mayo de 2012

Retazos desde el otro lado

 Noche

Los festejos por la semana de la abundancia  había sido recibido con alegría y esperanza en todo Albalice, desde los pueblos mineros mas remotos hasta la misma capital detenían sus actividades por dos días para realizar los festejos tradicionales de agradecimiento al sol por sus bendiciones y pedir para un mejor mañana.
Mientras la plebe se liberaba de sus preocupaciones entre risas y festejos, los jefes de los clanes más poderosos de todo Albalice se reunían en la capital para debatir sobre el difícil tema de la seguridad y el futuro de las tierras.

Así la sala de reuniones del castillo real se encontraba más de una veintena de hombres, caballeros firmes y fieles súbditos de la corona sentados alrededor de una larga mesa. En la cabecera se encontraba el Rey Charles acompañado por su hijo, intentando ordenar los temas a discutir; mientras el Rey tomaba una actitud pasiva frente a la situación, su hijo, el príncipe Charles II, participaba activamente en los debates (para lamento de varios señores). Por desgracia el debate se desarrollaba de manera desigual, parecía que los señores presentes en esa sala eran los únicos concientes de la delicada situación del reino.

-      “Exijo 5.000 mil hombres mi señor, sin ellos no creo que podamos hacerle frente a los sucios Virnences en el Este…”-

-      “Cuida tus palabras Sir Dural, esas no es forma de dirigirte a su majestad, mi padre.  El es el único en posición de exigir algo, si no aprecias tu lengua estaré encantado ordenarle a Lord Walras que te la arranque de la garganta”- interrumpió Charles II ese tono lleno de orgullo y desden que lo caracterizaba haciendo gala, una vez mas, de su poder.

-                        “Señor – rápidamente tomó la palabra Sir Irwin Rassel – Me disculpo ante Ud en nombre de Sir Durall y los aquí presentes, comparto el sentimiento de mis compañeros y puedo afirmar con seguridad que las palabras de mi compañero sonaron osadas no adrede sino por que la preocupación nos excede ; hace menos de un mes una avanzada Virnence se alejo de su base acercándose lo suficiente a la ciudad, los informes indican que poseen suficientes caballos como para arrasar simultáneamente todo el Este antes que podemos tomar medidas al respecto.”-

-                        “Ja, las guerras no se ganan con caballos Sir Irwin. Mientras los castillos soporten, no habrá preocupación alguna…”-

Pese a ser solo un invitado en la reunión por su nueva posición, el joven Thomas Lockward ,quien hasta ahora había aguardado en silencio, no pudo con su espíritu y decidió que tenia que hacer algo con los dichos de Charles II


-                        “Siento contradecirlo su Alteza, talvez nosotros, los nobles, no haya preocupación pero hay algo que esta olvidando. La mayor producción de hierro y acero proviene de las minas sobre el Este de Albalice, si sufriéramos un ataque de los Virnences no solo perderían la vida miles de vidas pueblerinos inocentes sino que las reservas de armas y armaduras de todo el país quedara tan reducida que tendríamos que luchar una guerra con rastrillos y nos defenderíamos de las flechas con cacerolas…”- 

Los miembros de los diferentes clanes se miraron unos a otros, las palabras de Thomas reflejaban de una manera clara lo que todos pensaban pero nadie se animaba a decir, talvez demasiado osadas e hirientes para ser pronunciadas por un simple líder menor. La mirada atenta del príncipe Charles II se clavo sobre Thomas Lockward como si hurgara en los profundo de su alma en busca de alguna debilidad pero éste no momento mostró signo alguno de arrepentirse de sus palabras sino un tan firme como sus palabras. Por un momento el rostro del príncipe se contorsiono en una mueca horrible que anticipaba sin duda una fuerte respuesta, pero fue acallada y paso inadvertida por la sorpresivamente intervención del Rey.

-                        “Ojala, mis señores, todos Uds fueran tan francos y directos como él; dime Joven, ¿A que casa representas joven?-

-                        “Soy Thomas Lockward, Hijo de Sir John Lockward. Jefe de la familia y encargado de cuidar las tierras cenicias y los verdes bosques del Suria.”-

-                        “Eres el hijo John sin duda alguno, heredas la firmeza de sus ojos y pareces tan hábil con las palabras como tu padre lo era con la espada. Señores, yo soy el líder de este imperio y así antes de tomar cualquier decisión debo estar informado de los porvenires de cada acto y las consecuencias de ello. Por ello agradecería que sean sinceros y me informen de todos los posibles porvenires de mis dediciones o la falta de ellas. Ahora entiendo la situación, entonces cederé 3.000 de mis hombres a la frontera del Este y cada uno de los señores de las tierras centrales cooperaran con sus tropas hasta completar el numero de 5.000, espero que sea suficiente. ¿Cual es el siguiente tema a tratar?”-




La reunión concluyo unas pocas horas después, desarrollándose así sin otro hecho a resaltar, pese a ello aun sobre el final quedaron temas cruciales a tratar; por ello al atardecer los presentes, tras la larga jornada de debate, acordaron continuar la sesión el día siguiente.
La noche había llegado rápidamente para cada familia, los súbditos corrían de un lado a otro tratando de organizar la cenar; Thomas, quien había dispuesto de unos pocos súbditos para su estadía en la capital, comenzaba a prepararse para comer en el centro  acompañado por el viejo Jack, su criado personal, pero para cuando se disponía a partir llamaron a su puerta, era Irwin Rassel que vestido elegantemente le propuso compartir una cena en la capital.

Unos minutos de carruaje después y los caballeros se encontraban frente una modesta hostería, de esas que los nobles un suelen visitar y la gente común no va a menudo.


-           “Hoy cenaremos aquí Thomas, es un lugar sencillo pero preparan el mejor cordero de todo Albalice. Acompáñame”- y así avanzo Irwin con prisa sin esperar la confirmación de su compañero.

Medio cordero y un vaso de vino después ambos se encontraban distendidos hablando alegremente de la vida, era una situación extraña para el joven Lockward ya que siempre había tomado a Sir Irwin Rasell como un hombre más bien serio y frio a la hora de tratar con las personas, a decir verdad una persona bastante diferente a la que se presentaba enfrente en ese momento.


-           “Hijo, ¡hacia años que no veía tanta estupidez y valentia al mismo tiempo! Jajajaj, se nota que no estas acostumbrado a tratar con estas serpientes”- conversaba animosamente Irwin alimentando su alegría con un poco de vino- “Me alegra que estas aquí, estoy cansado de tratar con los nobles de la capital, son sucios mercenarios, y los señores de las diferentes regiones luego de las reuniones los que no se encierran en sus habitaciones hasta el día siguiente tienen negocios que tratar en la capital. Pero tú eres como yo, un hombre honesto con los demás y por sobretodo consigo mismo; por eso quiero brindar por la vida, por la boda y por una larga dicha. ¡Salud!”

-           “Sir Irwin, ¿Esta seguro no es el vino el que esta hablando por Ud en estos momentos?- pregunto con cuidado a su acompañante temiendo que el viejo Rasell tome su espada y quiera defender su honor pero este reacciono con un gesto extraño, parecía una sonrisa nostálgica algo opacada por un velo de tristeza.

-          “Talvez, sabes hacia tiempo que no me sentía tan liberado. Normalmente mi hija es quien me acompaña cuando tengo que presentarme en la capital, pero pese a que amo a Eva y a su madre no puedo evitar ver en sus sonrisas una porción de culpa. Se que no es suya sino mía, me siento culpable de no poder hacer nada mas que seguir adelante, por ellas…”- y una profunda melancolía envolvió el ambiente ahogando cada palabra que intentaba salir por la garganta de Thomas, pero por suerte para él ,de un momento para el otro, Irwin recupero algo de su animo- “Pero sabes, el doctor dijo que la enfermedad es mas bien pronunciada por temporadas frías; Eva esta contenta ya que si la salud de mi esposa se mantiene como hasta ahora, podria estar presente en la boda.”

-          “Eso esperemos, la felicidad de Eva es mi felicidad. No quisiera verla triste en una día tan importante”



Así la noche transcurrió lentamente entre diferentes temas y ánimos, Thomas compartió con su futuro suegro sus planes para las tierras, los nuevos viñedos que iba a desarrollar como también otros proyectos mientras Irwin compartió sus ideas y  puntos de vista, de igual a igual. Ya luego de la interesante y cómoda cena Irwin se disponía a partir, bastante mareado por cierto, se despidió entre tropiezos y emprendió el viaje de vuelta a caballo acompañado por un criado.
Thomas termino la botella y pago la cena para comenzar a abrirse camino hacia el castillo, pero las burbujas de la bebida y su poca orientación en la capital lo fueron alejando de las calles principales hacia otras zonas un poco más oscuras.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Retazos desde el otro lado

Encuentro

El verano finalmente había llegado y con ello la promesa de felicidad estaba cerca cumplirse, marcando el inicio de una nueva vida… o eso era lo que esperaban los dos enamorados.

–     “Estoy completamente segura que cuando llegue el momento llorare como una  condenada, mis lagrimas de felicidad caerán sobre el suelo inundando la boda.”- dijo de manera jocosa la joven Eva a Thomas, su futuro esposo, el cual sentado sobre un frondoso y antiguo árbol jugaba con el cabello de su amada quien estaba recostada sobre él.

                                “Amor, no podría verte llorar sin sentirme culpable, por mas lagrimas de felicidad que sean. Seguramente tu padre no querría que te cases con un hombre que te hace llorar y tus hermanos simplemente me odiarían. Así que guárdate esas lagrimas cariño, para los momentos difíciles por que quiero tus hermosos ojos vean la boda claramente y guarden en tu corazón ese recuerdo por siempre”- dejando deslizar estas palabras al oído de su futura mujer, de manera sencilla y honesta, aunque no pudo evitar cruzar miradas con ella y encontrarla entre lagrimas –“Oh querida, no me hagas esto; juro que verte así doblega hasta mi voluntad mas férrea, cada gota que cae derrite mi corazón volviéndolo mas vulnerable. La felicidad y la culpa se funden en mí en este momento”- continuo mientras con sus suaves dedos acariciaba gentilmente a su amada retirando con cariño las lagrimas de sus ojos.

                                “Realmente no podría pedir un hombre mas considerado y dulce a mi lado. Entonces intentare seguir tu consejo pero a cambio de que me prometas que nada te alejara de mí, ¿Prometido?”- Le confeso a su amado quien sello el juramento con un profundo beso

La visita poco duro, se habría prolongado si alguno de los dos hubiera sabido que esa seria la última vez que ambos jóvenes pudieran pasar un tiempo juntos en vida.


Dos días después antes que las aves comiencen a cantar un mayordomo completamente exaltado irrumpía en forma de estampida en la alcoba de Thomas Lockward tropezando torpemente en la oscuridad mientras vociferaba continuamente palabras confusas y disparejas, ante el terrible susto el muchacho rodó de su cama hasta terminar en el suelo; intentó ponerse en pie pero las sabanas lo enrollaban cual serpiente impidiéndole incorporarse rápidamente. Ya con las ventanas abiertas el joven amo finalmente reconoció al criado y lo increpó por su accionar.

-                        “Maldición Jack , ¿Que demonios esta pasando?¿Le sucedió algo a mi hermano?¿ Se suspende la boda? ¿La casa esta en llamas? ¡Habla!... claramente, por favor”-

El viejo completamente nervioso repetía silabas sin sentido, sueltas y enredadas de las cuales solo pudo captar: “¡Su alteza, aquí!”


Aun perdido y confundido, el joven Lockward se dejo cambiar rápidamente por su fiel sirviente  quien en menos de un pestañeo lo alistó como si asistiera a un baile real; al vuelo lo arrastro hasta esa fina construcción en el parque detrás de su residencia donde una estación atrás se realizo la reunión con la familia Rassel.
Allí, sentado a la sombra de cara al jardín de margaritas lo esperaba un hombre finamente vestido, sin jugar a dudas quien lo esperaba era Charles II, el príncipe.


-                        “Señor Lockward, veo que tiene un excelente gusto tanto en flores como en mujeres; hermosas y sencillas ambas, déjeme felicitarlo por la buena noticia”-

-                        “Ehhhmmm su alteza (mientras se inclinaba en símbolo de respeto) un gusto tenerlo en mi humilde hogar, aunque me hubiera gustado que anuncie unos días antes su visita así podría recibirlo como Ud merece”- y sin lagañas en los ojos, pensó, pero esas eran cosas que le diría solo a un amigo

-                       - “Lo siento, Thomas, ¿ puedo llamarte así? (realmente no le importaba la respuesta) sucede que estoy haciendo un viaje no oficial por pequeñas y bellas ciudades a veces olvidadas dentro del palacio o las cabezas de los nobles y recordé la agradable platica con la joven Eva Rassel sobre su próximo matrimonio. Cuando finalmente recordé su nombre me encontraba a unas pocas horas de aquí y decidí conocerlo personalmente; entonces Sir Thomas Lockward, Hijo de John Lockward, ¿No es así?, recuerdo a tu padre cabalgando en ese vulgar y flaco rocín yendo para las batallas de Antilion. Con otros nobles apostamos a que ese caballo no podría soportar el ritmo del viaje y la posterior batalla, pero para nuestra sorpresa al año tu padre volvió entero arriba de ese horrible animal. Creo que lo llamaba…”-

-                        “Amuleto de la suerte, ese es el nombre del caballo. Aun vive, se lo hemos regalado al criado mas fiel de mi padre luego de su muerte”- dijo mientras el sueño comenzaba a desaparecer al tiempo que crecía ese malestar al tratar nobles creídos

-                        “Verdad, jajajaja. Tu padre fue un gran aliado en esos tiempos, fiero guerrero pero poco iluminado estratega; eso le impidió alzar más alto su apellido. Ahora tú te volverás parte de los Rassel, una de las familias más poderosas de nuestro reino. Brindaremos por eso, hice traer mi propio vino si no lo incomoda”- al instante un sirviente del príncipe, servia un vino de olor fuerte y cuerpo ligeramente espeso terminando por llenar ambas copas -“Entonces, ¿En nombre la prospera alianza?”-

-                        “Y el amor puro”- contesto firme y serio Thomas

-                        ¡Así será!”-


Un par de panquecitos y tragos después, el príncipe saco de entre sus pertenencias una pequeña caja de madera con finos bordes y decorados color oro, la cual le entrego a Thomas.

-                        “Este es mi obsequio de bodas aunque es mas precisamente para Ud, es humilde pero espero que le sea útil”-

Con respeto y elegancias, el joven Lockward agradeció el detalle abrió la caja encontrando el mas fino juego de ajedrez jamás visto, las piezas forjadas en el mas exquisito marfil mientras el tablero se encontraba imbuido en plata y onix; sin duda con el valor de ese regalo se podría comprar un prospero viñedo en las afueras y vivir cómodamente.

-                        Su excelencia, no podría aceptar este magnifico obsequio…”- se excuso humilde y sorprendido

-                        “Shhhh, tu solo tómalo y considéralo el principio de lo que espero una gran amistad. Temo decirte que ha sido un presente algo egoísta ya que me encantan los juegos de ingenio y siempre estoy gustoso de encontrar un nuevo adversario, aunque soy mal perdedor; así que si no te molesta me gustaría jugar unas partidas si aceptas”-

Sin otra alternativa, se dispusieron a armar el juego. Como todo buen noble, Thomas era competente en varios de esos refinados juegos que se profesan en la capital pero particularmente bueno en el ajedrez gracias a la ayuda del viejo Jack; a quien a veces debía obligar ,bajo la excusa de un juego casual, a que lo acompañe en alguna partida y descanse un rato.

Todos saben que el ajedrez como cualquier otra competición tiene como esencia la lucha de voluntades, pero este juego abarca ademas la estrategia, la planificación y el valor. Los maestros de la corte tiene la habilidad de conocer a su adversario mediante el juego y eso era algo que con la practica también había aprendido Charles. Así fue como comenzó a desenvolverse la partida, jugada tras jugada pieza tras pieza, ambos median a su adversario con cada movimiento; tratar de estar un paso adelante era imposible ya que el príncipe contraatacaba sin piedad mientras sacrificaba piezas de poco valor. Charles atacaba sistemáticamente venciendo a las piezas claves más importantes de su anfitrión, hasta estar a unos pocos pasos de la victoria

-                        “ Ríndete y talvez tendré clemencia”- Dijo irónicamente, fiel a su espíritu el futuro vencedor


 Pero antes de que lo pudiera prever, en dos movimientos un simple peón se había colado entre sus defensas avanzado hacia el final del tablero, devolviéndole la reina a Lokward y con ello la victoria.

-                        “No debes olvidar que pese a sus habilidades, todas las piezas tienen igual valor; desde el simple peón hasta la reina, cualquiera de ellos puede darte la victoria”- Thomas podría haber jurado ver un destello de odio en los ojos de su adversario sino hubiera durado solo un instante


-                        “Bien, bien, astuto e intrépido; esas son las cualidades que odio en un contendiente y admiro en un aliado. Espero volver a verte algún día en el castillo, si vas a la capital no dudes en pasar a saludarme; esperare por la revancha”- Con orgullo, se levanto de la mesa e indico a su sirviente que preparara los caballos –“Una cosa mas, posiblemente dentro de unos días se traten unos asuntos sobre protección de tierras con mi padre, llamaremos a los jefes de las familia importantes y  me gustaría que asistas. Seria una excelente oportunidad de demostrarle al viejo Irwin Rassel que eres mas que un buen jugador de ajedrez”- Y así, en silencio y con media sonrisa en su rostro, Charles se marcho sabiendo que todo marchaba a la perfección.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Retazos desde el otro lado

Intriga

Siempre creí que la igualdad no existe en este mundo, desde siempre los hombres necesitaron saber que existe un eslabón superior y que era allí en lo único que podían depositar ciegamente su confianza. Conceptos como fe y lealtad nacieron para controlar y simplificar la vida de la gente, mientras la primera prometía un lugar mejor en otra vida a coste de esfuerzo, la segunda mantenía el orden en el mundo terrenal; los origines de estos dos conceptos aunque misteriosos y lejanos no son muy distantes entre si ya que ambas ideas validan el poder de la otra mientras compiten por el premio mayor: El reconocimiento.
Ahora que pude trasmigrar mi condición mortal puedo verlo mas claramente pero mi objetivo no es extenderme demasiado, propongo que continuemos este viaje al pasado donde encontraremos en caminos distantes el final de este capitulo

La sangre brotaba por todo su cuerpo dejando su rostro, y el fino tapiz del suelo, irreconocible; los soldados no sabían la razón por la cual castigaban salvajemente a un mero sirviente pero una orden era una orden y mas si venia del hijo del Rey. Golpe tras golpe terminaron por pasar varios minutos hasta que la palabra de alto llego, los cinco guerreros detuvieron su acometida alzando el cuerpo apenas conciente para que ser interrogado por el príncipe; él hasta ese momento solo se había limitado a disfrutar ese vals de violencia y sangre con una gran sonrisa, mueca que se acrecentaba por cada gota de sangre caída al suelo descubriendo así sus blancos y filosos dientes cual depredador
- “Dime estimado sirviente ¿Quien piensas que es mas grande en este mundo, tu Rey o tu Dios?” Preguntó con cierta malicia el futuro heredero a la corona Charles II a un maltrecho y golpeado sirviente
- “¡Mi rey, gran señor; en el deposito mi vida y la de mi familia!”-dejo escapar la destrozada boca del torturado hombre; tratando de enmendar algún error pasado continuó -“Le pido disculpas por...”
-“¡Silencio!, eso ya paso. Me agradan tus palabras, esa es la respuesta que esperaba, has cambiado tus ideales por tu vida y eso me parece justo” dijo mientras sacudía sus ropas y daba media vuelta con intención de partir, pero luego de unos dos pasos se detuvo –“Un hombre muy sabio me contó una vez que a pesar de que uno pase a mejor vida, sus ideales continúan viviendo. Su destino fue la muerte, realmente me encontraba intrigado por comprobar su teoría; ahora tú has hecho justamente lo contrario dejando morir tus creencias para que tu cuerpo siga respirando, entonces ¿No crees que lo justo sería que te desprendas de toda creencia anterior si has decidido seguir viviendo?
Tengo entendido que el rezo a tu dios se realiza con ambas manos, ¿Verdad?; bien, como hoy me siento generoso considera lo siguiente como un regalo de tu futuro Señor para mantener firme tu nueva convicción.
¡Soldados, arránquenle los dos brazos!”
Él era Charles II, primer hijo del Rey Charles y heredero de Albalice; llevaba para sus 18 años un ímpetu y orgullo difícil de describir, pocos podían sospechar que bajo su apariencia correcta e irreprochable se ocultaba un ser oscuro, inescrupuloso y perverso como jamás haya existido. Historias sobre su crueldad y accionar se mantenían ocultos entre la nobleza bajo la excusa su prestigio y honor, pero los rumores se esparcían libremente entre los plebeyos quienes normalmente las intercambiaban por una cerveza fría en cualquiera taberna barata.
Así se sabe sobre aquella ocasión que mando a colgar a un gran herrero por capricho, parece que meses antes le había encargado forjar la mejor espada del reino y una vez terminada lo acuso de traidor y le dio muerte solo para que nunca jamás vuelva crear un arma tan perfecta y magnifica, o al menos eso se cree. Se rumorea también sobre gran cantidad de mujeres asesinadas luego de pasar una noche con él, ante la posibilidad de que su semilla diera frutos o también sobre la misteriosa desaparición de su primo, tras atreverse a ganarle en una justa amistosa.
Todas ellas verdades en parte y otras muchas mas que no vienen al caso. Pero lo que hoy nos concierne es una reunión entre el Rey y las familias más poderosas de Albalice durante el comienzo de un largo verano.
Esa fresca mañana la brisa matutina traía consigo un gran numero carruajes de los más refinados y bellos en todo el reino, como era de esperar el Rey y príncipe no recibieron a sus invitados sino que aparecieron una vez todas las familias se encontraban acomodadas en un hermoso salón delicadamente arreglado, allí la bebida y comida era digna del paladar mas rebuscado y exquisito llenando no solo el estomago sino también espíritu. El joven Charles se pavoneaba como de costumbre ante las diferentes muchachas que se encontraban allí mientras su padre se encargaba de hacer política, saludando a los diferentes líderes y personas influyentes que se acercaban a su trono. El viejo rey se llenaba los oídos de halagos y palabras elocuentes mientras el príncipe hacia lo propio con las miradas pudorosas de las jóvenes presentes, pero eso no hacia más que llenarle el ego momentáneamente; lo que él realmente disfrutaba eran los retos. Así fue como encontró a la hija de los Rassel con su vista clavada a través de la ventana, ese claro desinterés sumado a un gesto risueño y esperanzado atrajo la atención de Charles hacia ella
-“Señorita, me temo que no nos presentaron. Soy Charles II, futuro Rey de estas tierras; ¿A quien tengo el gusto de dirigirme?”- dijo con elegancia y orgullo encontrando una respuesta no tan acorde a su interés
-“Mi señor, mi nombre es Eva Rassel. Un gusto conocerlo”-
Así fue como pese a los intentos posteriores de abrir un nuevo tema de conversación, Charles siempre se encontraba con una puerta cerrada; la joven le respondía con delicadeza pero sin más, como si mas allá de él y su palacio residieran los pensamientos de ella; algo completamente inconcebible para el joven príncipe
- “Señorita Eva, ¿Le molesta si la llamo simplemente Eva? En agradecimiento deje de lado las formalidades y llámeme Charles a secas. Veo que disfruta de la vista de los jardines, si quiere se los puedo enseñar”- esbozando un nuevo intento de captar algo de atención, logrando esta vez una respuesta mas significativa
-“Mi señor… digo, Charles…. realmente su parque presenta una belleza sin igual digna de Ud, pero lo que cautiva mi interés no son sus elegantes arbustos o sus frescas flores sino es el rápido paso del tiempo. Al final de esta estación voy a casarme y aun se me dificulta acallar a este ansioso corazón, no puedo parar de contar los días “- respondió con mirar risueño y un súbito brillo en sus ojos
-“Me alegra escuchar sus palabras Eva, ¿Tengo el agrado de conocer al afortunado?”- dijo dejando escapar entre dientes esas palabras
-“No lo creo, su nombre es Thomas Lockward cabeza de la familia Lockward y el dueño de mi amor”
La conversación extrañamente había cambiado de un momento a otro, tomando rumbos oscuros e inesperados; mientras ahora Eva se encontraba distendida hablando cómodamente e ingenuamente de sus planes, Charles se mantenía absorto en sus pensamientos, respondiendo casi inconcientemente mientras la plática fluía. En su cabeza solo la lujuria y lo prohibido resonaban en su mente, él quería a esa mujer, la deseaba, necesitaba poseerla y no iba a parar hasta hacerla finalmente suya.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Retazos desde el otro lado: Capitulo 1

Alianza

Es curioso el alcance que puede tener una promesa y los destinos que ata ella, atraviesa generaciones obligándonos a cumplir juramentos lejanos y perdidos. Intentare trasladarlos con mis palabras a un pasado algo lejano, una época de intrigas y traiciones en la que se forjaron dos juramentos que directa e indirectamente me han llevado a este final.

Mi familia nunca ocupó un lugar de importancia junto con la monarquía terrateniente, ni en la época de mis ancestros ni ahora; como todo clan menor nuestro deber, el de la casa Lockward, era cumplir el rol de señores menores administrando pequeñas porciones de tierra y peleando las batallas de otras familias de mayor renombre.
En esos tiempos plagados de conflictos, Sir Thomas Lockward toma el lugar de líder de la familia, apresurado por la misteriosa muerte de su padre bajo la peste. El joven Thomas era hombre templado y afable para sus cortos 20 años, previsor como ninguno su primera medida fue organizar un concilio en la siguiente primavera con el Clan Rassel para presentarse oficialmente ante ellos y ganar su reconocimiento. La familia Rassel eran grandes señores del Este en ese entonces, nuestros principales mecenas y representantes ante el Rey, la iglesia y la corte. Todos y cada uno de sus hombres eran caballeros de honor y valía, pero entre ellos resaltaban dos personas: Irwin Rassel, jefe del clan y hombre virtuoso entre los virtuosos, y su tercera hija la hermosa Eva Rassel.
Ya llegada la primavera, como buen anfitrión Thomas Lockward recibió a los representantes de la familia Rassel en “las salas de la vida”, una histórica construcción dentro de los campos cenicios que se encontraba rodeada de largas hileras de antiguas columnas y pequeñas flores amarillas al aire libre. Mientras los invitados llegaban, con elegancia y calidez, una orquesta ambientaba la reunión al tiempo que se realizaban los intercambios de ofrendas y regalos correspondientes. Irwin Rassel asistió como era de esperar, y con él llevo a su hija Eva quien conocía a Thomas de niño y siempre mantuvieron una excelente relación; pero existía algo que pocos sabían, ambos jóvenes se amaban desde niños.
Thomas siempre soñó con pedir la mano de Eva pero el padre del joven intento durante años una alianza forzada con los señores del Sur armando así un matrimonio arreglado, para suerte de Thomas la guerra estallo y el tema quedo en el olvido, años mas tarde Thomas se armo de valor para enfrentarse a su padre y tras una dura disputa se impuso ante él diciendo -“Yo seré el señor de mi destino, me casare con quien quiera cuando quiera y tu lo vas a aceptar”-. Gracias al apoyo de su madre y hermano, la decisión de Thomas fue finalmente aceptada por su padre y no se volvió a hablar al respecto
Eva en cambio tuvo incontables pretendientes durante los años, atraídos por su belleza y el poder de su apellido, a los cuales había rechazado cortésmente siempre bajo la excusa de iniciarse como religiosa. Llegado el momento ya presionada por su familia y ante la inminencia de un matrimonio arreglado, Eva finalmente se traslado a un convento para iniciar una nueva vida; allí paso 7 años de servicio hasta que recibió una carta de su madre pidiéndole que deje los hábitos ya que siendo su única hija añoraba verla casada antes de morir.
Curioso era el hecho que este pedido coincidiera con el nombramiento de Thomas como representante de los Lockward y con la necesidad de formar una alianza entre ambas familias; todos ignoraban (hasta los mismos enamorados) que la madre de Eva conocía el amor que compartían los jóvenes. La Duquesa de Lorwill era su nombre y pese a la larga enfermedad que la agobiaba y su débil apariencia, debajo radicaba una astuta mujer y apasionada madre; hacia años que sabía que Eva no deseaba a otro hombre que a Thomas y que prefería vivir sola por siempre antes que compartir su vida con otro hombre; pero en ese tiempo ese amor era imposible. Pero ahora bajo las nuevas circunstancias y la cercanía de su muerte, anhelaba desde el fondo de su corazón que su hija fuera feliz con la persona que amaba.

Bajo estas condiciones se encamino la reunión, con fructíferos resultados para ambas familias. Llegado el momento de firmar el nuevo convenio reafirmando los pactos y alianzas, súbitamente interrumpe la reunión un mensajero, el mas fiel de los siervos de la duquesa de Lorwill con una nota de entrega inmediata a su esposo; Thomas observo confundido semejante interrupción, pero suponiendo la muerte de la duquesa espero respetuoso las palabras de Sir Irwin; mientras Eva, nerviosa y sin aire, esperaba la inevitable noticia de la boca de su padre, pero lo que sucedió luego nadie pudo haberlo previsto.
Pasado varios minutos en silencio, el callado jefe de la familia Rasell, quien yacía pensante y dubitativo en una esquina de la mesa, finalmente levanto los ojos y miro seriamente a Thomas, agarró el papel que estaba por firmar y que garantizaba el acuerdo entre ambos y lo rompió en pedazos. La incertidumbre y confusión teñían los rostros de los presente, Thomas se levanto de su silla indignado y cuando estuvo a punto de abrir la boca para exigir una explicación una mano con gesto de paciencia silencio por completo su voz.
-“Las palabras y promesas que juramos hoy defender no se pueden firmar con tinta en un papel, no se firmaran de esa manera”- dijo Irwin Rasell de manera firme y decidida. Eva no pudo evitar mirarlo con miedo mientras buscaba la mirada del joven Lockward quien, mas firme aun, replicó
-“Entonces parece que no soy digno de su confianza ni la de su familia, creí que Ud era un hombre de honor señor Rasell”-. La tensión en la sala era tal que se podía cortar con un cuchillo, el silencio no duro ya que la respuesta de Irwin no se hizo esperar

-“No hijo, no te has equivocado. Soy un hombre de palabra y bajo ella dicto, de manera regia, mi conducta. He dicho que nuestra alianza no se dictara sobre papel por que se hará mediante un acto, tampoco se firmara con tinta ya que se hará con sangre. He llegado a la siguiente decisión luego de analizar las palabras de mí querida esposa en la presente carta, y hemos convenido que nuestro deseo es que tomes a Eva como tu mujer, así el matrimonio de Uds. dos jóvenes será el símbolo de promesa y unión entre nuestras familias”

Esa noche hubo festejos, carcajadas y felicidad sobre todo, pero una cortina oscura se estaba por cernir sobre el futuro de Thomas y Eva