lunes, 26 de agosto de 2013

El precio

En aquel balcón de marfil yacía el mago, inmóvil y expectante, tan rígido como las gárgolas a sus lados pero aun tan vivo como nadie. Su cabello oscuro flotaba en el aire casi danzando un salvaje vals, ocultaban sus ojos apesadumbrados, esos ojos que aun tras el pasar de los años conservaban cierta juventud; solo sus pies, firmes y despreocupado, se movían recorriendo el borde del resguardo de manera desafiante. Esa emoción le gustaba, sentir la presión, esa sensación cercana a la caída, a la muerte y a todo eso que le recordaba su naturaleza mortal.

 La fortaleza perlada era como un haz de luz que interrumpía el oscuro abismo que se cernía sobre colinas de Doer, tan fría y perfecta como el reflejo del mismo nigromante. Junto a él siempre su conciencia, algo rota y quebrada dejaba escapar fragmentos de la realidad cual agua entre los dedos; el sueño le era esquivo desde hacia varias noches dándole una visión de la realidad como a través de un prisma desgastado… y la medianoche aun lejana. Pero él siempre impasible de espíritu, disciplinado tras décadas del estudio arcano y aun indomable, aun perfecto.

No


La perfección…


Todavía no había logrado obtener verdadera forma del alma y ese ultimo conjuro le costaría mas de lo que podía pagar, mas de lo que podía ganar, mas de lo que alguna vez había esperado. Debería despedirse de su más preciado tesoro, perder el más perfecto de los conocimientos, decir adiós…
Solo las nubes paseaban curiosas por el cielo sin liberar aun la blanca dama, faltaba poco para su aparición y ella solo bajaría para contemplar el gran evento.


-“¿Me atraparas Kanazar, ultimo de los conjuros? “

Solo el viento respondió 

Y fue suficiente, la medianoche había llegado y la blanca reina lo miraba firme desde el cielo. Y como ese niño lejano él sonrío por última vez, dio un paso adelante y se dejó caer.

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